Acualandia en Lavapiés

Visitar galerías de arte

El viernes pasado, celebramos la última instalación creada por los niños y niñas participantes en la tercera semana de Una escena circular en Lavapiés. Fue una tarde muy especial porque este último grupo se puso el reto de crear un Acualandia para su barrio, pero también porque era el último día de esta 1ª edición y estaban invitadas todas las personas que han colaborado en la puesta en marcha y ejecución de la actividad; familiares de los niños y niñas, galeristas, Asociación Mensajeros de la Paz, La Casa Encendida y amistades nuestras.

Una escena circular, nos ha aportado multitud de aprendizajes que no queremos pasar por alto. Esta crónica tiene como objetivo hacer memoria y compartirla, mientras evaluamos nuestras prácticas pedagógicas.

Durante estas tres semanas, hemos sido testigo de cómo los más pequeños son capaces de derribar las barreras invisibles que se construyen entre las galerías de arte y el común del vecindario que habitan, en tan sólo 5 días. Hemos presenciado diálogos igualitarios con los galeristas y las obras, donde la duda no temía en mostrarse y la imaginación no dudaba en volar. Escuchábamos con temor sus quejas sobre las visitas a más galerías y sonreíamos internamente cuando se negaban a salir de las mismas y finalizar las dinámicas propuestas. Todas las obras nos permitieron analizar la realidad que habitamos, soñar otras realidades posibles, crearlas,  exponerlas y hablar sobre ellas.

Descubrieron que existen más formatos artísticos que los cuadros, que las fotografías no son un fiel reflejo de la realidad (Slowtrack), que existen artistas que colaboran trabajando juntos y que, cuando ésto sucede, su obra es más rica e interesante (Swinton&Grant), que la abstracción es un concepto difícil de explicar excepto si lo puedes dibujar, entonces se torna comprensible para todos (Maisterravalbuena), que varias capas de pintura sobre lienzo también se llama collage (Moisés Pérez de Albeniz), que hay neveros que parecen playas o montañas con cumbres playeras (F2), que hay artistas que a partir de materiales cotidianos y reciclados crean divertidos artefactos de juego (“Leo es una ecoartista”), que hay vídeos de mayores que innoptizan a cualquier niño o niña (Marta Cervera), que las instalaciones artísticas son divertidas, se pueden tocar y jugar en ellas, tanto que empujan a cualquiera a interpretar una subasta de arte vendiendo una plastilina amarilla o trocando zapatos por otras cosas (Helga de Alvear).

Los talleres en La Casa Encendida tampoco decepcionaron. Sus cabezas, repletas de referencias tan distintas, se fueron inspirando en cada actividad casi sin darse cuenta…así nació Barbie-gorila, de la simbiosis que pudieron disfrutar visualmente a través de los dibujos de Saner o los animales que parecían personas de Karen Knorr. Hubo un antes y un después con la cinta de doble cara, ese material estrella que sustituirá para siempre al pegamento de barra en sus vidas, nos los imaginamos aconsejando a sus profes del cole o a sus familias como la solución a cualquier problema doméstico.

Además, aprendieron el juego de escalas, el paso de la maqueta a la instalación, de la plastilina y cartulina a la maxi caja de cartón o los tubos de 1.5m de altura, en tan sólo 5 tardes. Asambleas cortas y muy respetuosas, donde llegar al consenso fue un juego de niños y suscitó la envidia de los adultos que lo presenciamos…El paso del trabajo individual al colectivo, la colaboración tan estrecha desarrollada en momentos de mucha tensión donde el tiempo no hacía posible que afloraran conflictos, y no los hubo.

Nos quedamos con sus caras de asombro cuando terminaban cada viernes la instalación y se la mostraban a sus familias, con ataques de risa ante comentarios inesperados y muy pertinentes, con sus sonrisas de despedida, con nuestro cansancio reconfortante, con la pregunta: ¿Cuándo repetimos profe?

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